1. Selecciona una rama baja y corta un trozo de unos 15 centímetros, con un cuchillo o tijeras afiladas. Debes de hacer un corte a medio camino entre dos nudos.
  2. Mete el esqueje en un vaso con agua inmediatamente. Si lo dejas fuera, puede entrar una burbuja de aire y provocar la muerte por asfixia del esqueje.
  3. Prepara una pequeña maceta con tierra de saco de calidad, sustrato de coco, lana de roca o una mezcla de vermiculita. Riega bien la tierra o medio de cultivo empleado y haz con un lápiz un agujero para meter el esqueje.
  4. Saca el esqueje del vaso y pásalo por hormonas de enraizamiento (en líquido o en polvo). Si son hormonas en polvo, sacude un poco el esqueje para que se desprenda el sobrante.
  5. Planta el esqueje en el agujero de la maceta y aplasta la tierra ligeramente alrededor del tallo para que se mantenga firme. Es muy importante que al menos un nudo del tallo quede bajo tierra (de ahí saldrán las raíces) y otro por encima.
  6. Pulveriza el esqueje con agua y coloca la maceta en un mini-invernadero o propagador, sino dispones de el, dentro de una bolsa de plástico. Vale cualquier lugar donde la humedad sea muy alta, cercana al 100%.
  7. Pasados tres días, deja abierta una pequeña ranura del propagador para que la humedad baje un poco. Durante las siguientes dos semanas, ve abriendo poco a poco las ranuras de ventilación.
  8. Pulveriza los esquejes cuando sea necesario para evitar que baje demasiado la humedad.
  9. En dos o tres semanas verás salir las raíces por los por los agujeros de drenaje de la maceta y el esqueje comenzará a crecer. Ya lo puedes trasplantar a una maceta mayor y sacarlo del invernadero.
  10. No lo pongas a pleno sol o debajo de la luz de alta presión de sodio inmediatamente. Déjale unos días para que se vaya fortaleciendo.